¡VIRTUD PERDIDA o NUNCA ADQUIRIDA!
Recuerdo con frecuencia al apreciado Padre Manfredo al referirse una y otra vez, sobre la puntualidad, sobre todo, a la celebración eucarística. Graciosamente decía: “Hay gente que es capaz de llegar tarde hasta a su propio funeral”.

¿De qué sirven las instituciones de
control, aparte de generar faraónicos gastos al erario público?. Todos los días
la prensa nos atraganta con hechos de corrupción, aquí y allá. Políticos
involucrados, metamorfoseados en “funcionarios públicos”, son menú principal de
apestosas noticias.